Pásate un buen día…

1939
Pásate un buen día...
Pásate un buen día...

«No te prives de un pasarte un buen día, un día agradable ni desaproveches tu parte de gozo legítimo». Eclesiástico 14,14.

Esto para que veas que hay de todo en la Biblia. Un consejo como este parece venir de un viejo y querido amigo que sabe que todo pasa muy rápido y de que corremos el riesgo real de no disfrutar el regalo que es la vida.

Todos los hombres se mueren, no todos los hombres viven, y no es menos bíblico darte el sano consejo de pedirte que decidas vivir y disfrutar de la vida.

Cada uno sabrá a que ser refiere el pasaje al decir ‘pásate un buen día’, al final hablamos de algo que disfrutaste y que te dejó cosas buenas para poder seguir en los días llenos de trabajo y compromisos, mismos que a veces a primera vista, no son tan buenos y agradables.

En nuestra cultura ‘trabajólica’ esto es muy difícil de implementar, pues somos máquinas de hacer y no de ser, y quedamos verdaderamente discapacitados para poder disfrutar de un buen día, con lo simple que debería ser eso.

Un buen día es aquel que al evocarlo recuerdas lo que fuiste y disfrutaste, no tanto lo que hiciste, porque esto puede y debe variar. El famoso sábado (sabath) que los Judíos terminaron complicando con mil acciones prohibidas de hacer, lo terminaron entendiendo como un castigo de descanso contra cualquier tipo de actividad; en su versión original no solo fue el día en que Dios descansó… ¡Más allá! fue el día en que Dios SE RECREÓ con lo que había salido de su boca, de su corazón e imaginación para nosotros.

Y si a datos vamos, mientras creaban (La Trinidad) todo lo que se ve y no se ve, se la pasaban bien. Dice el pasaje de Proverbios 8,30 en boca de la Sabiduría: “yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia todo el tiempo, jugando por el orbe de su tierra y deleitándome con los hijos del hombre”.

Mientras creaban ya se recreaban. Esto debe de ser una decisión y no solo un propósito pasajero. No tengas duda, el peor estorbo y obstáculo para poder pasar un buen día, eres tú mismo(a). Toca bajar la guardia y dejarse querer, pues el deseo de un buen día, o de una buena vida, o de una buena fe, es que lo disfrutes, no que te lo compliques de más. Una vez más la acción es detenerse, habitarte, escucharte. Llegar a encontrarte con preguntas claras como: ¿qué quiero?, ¿qué necesito?, y, ¿qué tengo que hacer para eso?. Por eso el pasaje habla de que te des el gusto de un deseo válido, de un gozo legítimo. Obvio es que podemos estar hablando de la mayor de las estupideces o simplezas del caso, pero si es lo que se antoja, a darse gusto, Dios quiere disfrutarlo junto contigo. Siéntate con un buen libro, date una caminada por el parque.

Ponte a ver las montañas o el mar, camina por la ciudad, disfruta del clima como esté, cómete ese helado sin culpa. Siéntate con la abuela a conversar, tírate al suelo con tus hijos para ver lo que ellos ven y jugar lo que ellos juegan. Dale una flor a tu mujer y dile que la amas, haz esa larga distancia y dile a los que están lejos que cuanto los quieres. En fin… Siéntate a estar contigo, en esa acción Dios está más que presente, en fin cada uno con su propio caso. Empieza hoy, no te prives de un buen momento, y menos de un buen día…que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita. Cosas que hacer siempre habrá, tiempo para ti y los que amas, ese tienes que tomarlo, no te prives de eso hoy contigo y con los demás, pásate un buen día a la vez… Con Dios.